The Eddy, el estreno de Netflix bien jazzero

Protagonizada por la actriz y cantante polaca Joanna Kulig y André Holland, el actor de Luz de luna. Dirigida por Damien Chazelle (Whiplash)

Fuente: pagina12.com.ar / fragmento
Por Diego Brodersen

Otra fuente consultada: menshealth.com  / con detalle de los temas

“Cuando me besas en la mañana / deberías llamarme tarde en la noche / Nunca te digo lo que estoy pensando / y sin embargo siempre pareces entenderlo”. La voz y la imagen les pertenecen a la actriz y cantante polaca Joanna Kulig , reconocida internacionalmente por su participación en dos largometrajes de su coterráneo Pawel Pawlikowski, Ida y Cold War. En ambos proyectos le tocó encarnar a jóvenes cantantes en tiempos de posguerra y su rol protagónico en el segundo de esos títulos ofreció una de las actuaciones más intensas y desgarradoras del cine europeo de los últimos años. En The Eddy, la miniserie estrenada en la plataforma Netflix hace apenas dos días, la siempre rubia Kulig adopta el nombre de Maja, otra cantante con fortalezas y fragilidades a flor de piel.

Aunque, en este caso, el trasfondo no es histórico sino contemporáneo y las calles que desembocan en el local de jazz donde se presenta junto a su banda son las de la capital francesa. Maja es apenas uno de los personajes que todas las noches se encuentran en The Eddy, el local en cuestión, y la creación del dramaturgo y guionista Jack Thorne –cuyos pergaminos televisivos incluyen la miniserie Glue y la reciente His Dark Materials– se enlaza amorosamente con la extensa tradición de los cuentos corales. Coproducidos por compañías estadounidenses, alemanas y francesas y hablados en partes iguales en inglés y en francés –con toques de árabe, polaco y español– los ocho episodios describen los amores y amistades, pactos y traiciones, alegrías y tristezas de un grupo de músicos, pequeños empresarios y seguidores del jazz contemporáneo en el marco de un barrio parisino marcado por las cruzas culturales, raciales y religiosas.

A pesar de ese carácter colectivo, reforzado por el hecho de que cada episodio lleva el nombre de un personaje, existe un protagonista que casi siempre lleva las riendas del relato: Elliot Udo, el pianista semi retirado, compositor y conductor de un sexteto de jazz (además de uno de los dueños del bar The Eddy) interpretado con carácter por André Holland, el actor de Luz de luna y Selma: El poder de un sueño.

Exiliado por decisión propia en París, Elliot –neoyorquino hasta la médula– lleva en su rostro las marcas de las decepciones y los traumas, tanto los profesionales como los personales, y sobre sus hombros se posan en cierta medida muchas de las ambiciones y deseos del resto de sus colegas y amigos. En el primer episodio, dirigido por uno de los realizadores jóvenes de más alto perfil en Hollywood, Damien Chazelle, el hombre descubre que su amigo del alma y socio comercial, Farid (Tahar Rahim, el protagonista de Un profeta), ha estado comprando alcohol más barato en el mercado ilegal, lo cual pone al local en una situación aún más delicada que la que ya se encontraba. Esa misma noche intentará sin éxito tentar a un representante de una discográfica para que “fiche” a su banda, que precisamente esa velada parece algo desangelada.

Pocas horas más tarde, recibirá en el aeropuerto a su problemática hija adolescente, Julie, quien ha dejado de vivir junto a su madre en los Estados Unidos para mudarse una temporada junto a él. La intensidad de todo lo que ocurre durante esos primeros setenta minutos de la serie jamás podría definirse como moderada. Ni a nivel emocional ni musical.

El pasado mes de febrero, en el marco del Festival de Berlín, poco antes de que las salas de cine del mundo comenzaran a cerrar y el streaming se transformara en amo y señor del universo audiovisual, el prolífico Jack Thorne describió en una entrevista con The Hollywood Reporter el origen del proyecto. “El director y productor Alan Poul fue quien estuvo detrás de todo desde un principio. En aquellos tiempos, allá por 2013, Alan vio en el Festival de Sundance un cortometraje de un joven realizador llamado Damien Chazelle, Whiplash, y, casi al mismo tiempo, un show que había hecho yo llamado The Last Panthers y pensó que podría interesarme participar en una serie acerca de una banda. Poco después me envió una copia de Whiplash, que a esa altura ya era un largometraje, y fue allí donde pensé que debía trabajar junto a Chazelle”.

Sin embargo, debieron pasar varios años para que los pasos del director y el guionista se pusieran en sincro; en el camino, el joven de Sundance se transformó en niño mimado de la industria y el guionista comenzó a desarrollar, entre otros proyectos, una serie de historias que darían como resultado final The Eddy.

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