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MURIÓ GARY PEACOCK, VENERADO ÍCONO DEL MOVIMIENTO

La Nación | Mauro Apicella

El célebre contrabajista de jazz Gary Peacock murió a los 85. Con estas palabras lo despidió el baterista Jack DeJohnette, con quien Peacock y el pianista Keith Jarrett formaron uno de los grandes tríos que ha dado la historia del jazz: “Lamentamos, con profunda tristeza, el fallecimiento del gran Gary Peacock. Tuve la suerte de haber pasado más de 30 años tocando música increíble con él, tanto por separado como en el Trío con Keith Jarrett”.

Peacock había nacido en Burley, Idaho, el 12 de mayo de 1935. Sus primeras incursiones en la música fueron desde el piano, hasta el día que el contrabajista de su grupo dejó la formación y Gary sintió que debía ser él quien lo reemplazara. Para eso debía buscar otro pianista. Y no se equivocó. Trabajó en la Costa Oeste de los Estados Unidos y también en Nueva York, hasta finales de la década del sesenta, con artistas como Paul Bley, Albert Ayler y Bill Evans. Incluso, reemplazó en algunos escenarios y grabaciones a Ron Carter, en la banda de Miles Davis. Algunos problemas de salud lo hicieron replantear su forma de vida. Se instaló en Japón durante algunos años y cultivó la filosofía zen. A su regreso, además de dedicarse a la docencia siguió tocando el contrabajo. A instancias de Peacock, que tenía en mente un proyecto que finalmente quedó plasmado en Tales of Another (para el sello ECM) nació el trío con Jarrett y DeJohnette.  DeJohnette lo describió de este modo: “Tenía un gran sonido, sensaciones y una imaginación muy creativa. Fue su álbum Tales of Another (1977) lo que nos unió; después de eso, decidimos seguir tocando juntos, y el resto es historia.Tengo mucho amor y gratitud por lo que ha aportado a la música que llamamos Jazz.” Peacock estuvo en la Argentina en, al menos, tres oportunidades, Las dos primeras, a principios de los ochenta y a mediados de la última década, junto a sus amigos Jack y Keith, y en 2017 para la apertura del festival de jazz de Buenos Aires, junto a Marc Copland en el piano y Joey Baron en la batería. A propósito de aquella visita, conversó con LA NACION y así se autodefinió como músico y habló de su sonido personal: “Nunca lo pensé en términos de originalidad, nunca fue un gran interés para mí, aunque sí me preocupo en términos de la cualidad sónica del instrumento, siempre se trató para mí de las intenciones y de la capacidad para escuchar al otro”. También se refirió a la influencia de haber comenzado su carrera como pianista: “Siempre digo y pienso que si tuviera una escuela de música insistiría en que hubiera al menos un año de estudios intensos de audioperceptiva, canto y piano. Y que recién después cada uno eligiera su instrumento, porque creo que las herramientas esenciales para tocar y tener un panorama completo están ahí”.
 
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