Gato Barbieri

Gato Barbieri ::: Nov 28, 1934

Gato Barbieri ::: Nov 28, 1934

Místico pero apasionado, apasionadamente romántico pero supremamente genial… Escuchas esas primeras notas de ese tenor reconocible al instante y sabes que estás en el mundo musical único del Gato Barbieri.

Comenzando profesionalmente como un adolescente tocando saxo alto en clubes de Buenos Aires, la carrera de Barbieri ha cubierto virtualmente todo el paisaje del jazz, desde el free jazz (con el trompetista Don Cherry a mediados de los 60) y la vanguardia hasta la banda sonora de películas y su último abrazo a la música latina a lo largo de los años 70 y 80.

Comenzó a tocar como tenor con su propia banda a finales de los años 50 y se trasladó a Roma con su primera esposa italiana Michelle en 1962, donde comenzó a colaborar con Cherry. Los dos grabaron dos discos para Blue Note, “Complete Communion” y “Symphony for Improvisers”, que son considerados clásicos de las improvisaciones grupales libres. Barbieri inició su carrera como líder con el sabor latino “El Tercer Mundo” en 1969, y más tarde aprovechó su éxito en el “Último Tango en París”, ganador del Grammy, para convertirse en compositor de películas, con una docena de películas internacionales a lo largo de los años en Europa, Sudamérica y Estados Unidos.

De 1976 a 1979, Barbieri publicó cuatro álbumes populares en A&M Records, el sello propiedad del gran trompetista Herb Alpert. “The Shadow of the Cat” es una especie de reunión para los dos, con Alpert tocando la trompeta y los solos de trompeta en tres canciones.

Barbieri se incorporó oficialmente al clarinete a los 12 años cuando escuchó “Now’s The Time” de Charlie Parker, e incluso mientras continuaba sus clases particulares de música en Buenos Aires, estaba tocando en sus primeros conciertos profesionales con la orquesta de Lalo Schifrin. “Durante ese tiempo, Juan Perón estaba en el poder”, recuerda. “No se nos permitía tocar todo el jazz; teníamos que incluir algo de música tradicional también. Así que tocamos tango y otras cosas como carnavalito”. En Buenos Aires, Barbieri también tuvo la oportunidad de tocar con músicos visitantes como el rey del mambo cubano Pérez Prado, Coleman Hawkins, Herbie Mann, Dizzy Gillespie y João Gilberto.

Barbieri atribuye su aprendizaje de la disciplina musical a sus años de trabajo con Don Cherry mientras vivía en Europa. Mientras colaboraba con Cherry a mediados de los años 60, también grabó con el expatriado estadounidense Steve Lacy y el pianista sudafricano Abdullah Ibrahim. Otras asociaciones durante los días de jazz libre de Barbieri incluyeron tiempo con Charlie Haden, Carla Bley y la Orquesta del Compositor de Jazz, así como fechas con Stanley Clarke, Airto Moreira, Chico O’Farrell y Lonnie Liston Smith.

Había grabado un puñado de discos en el sello Flying Dutchman a principios de los 70 y luego firmó con Impulse donde grabó su clásica serie de capítulos “Latin America,” “Hasta Siempre,” “Viva Emiliano Zapata,” y “Alive in New York…” En Impulse, “Last Tango”, y a mediados de los años 70, su tosco tono de lamentos comenzó a suavizarse con baladas como “What A Difference A Day Makes” (conocido por Barbieri como el bolero vintage “Cuando Vuelva a tu Lado”) y “Europa” de Carlos Santana. Las grabaciones de A&M de Barbieri de finales de los 70’s, presentaban este enfoque de jazz más suave, pero fechas de principios de los 80 como el “Gato…Para Los Amigos”, tenían un sonido más intenso e influenciado por el rock sudamericano.

Después de muchos años de actividad musical limitada debido al fallecimiento de su primera esposa Michelle (también su confidente y manager más cercano) y su propia cirugía de triple bypass seis semanas después, Barbieri regresó más fuerte que nunca con el Columbia de 1997 ofreciendo “Que Pasa”, el cuarto álbum de Jazz Contemporáneo más vendido del año.

En julio de 2003, la Universidad de Long Island y WLIU se unieron para otorgar a Gato el premio Lifetime Achievement Award. En septiembre de ese mismo año, el Festival de Jazz Tanglewood de la Orquesta Sinfónica de Boston encabezó el Gato Barbieri en el Auditorio Ozawa. La presentación fue transmitida en vivo por la WBGH de Boston y la WBGO de Nueva York; fue el comienzo de la incipiente red de estaciones de NPR, ya que el concierto fue transmitido simultáneamente por ocho estaciones desde Nueva Inglaterra hasta Pensilvania y Chicago.

El Festival de Jazz Heineken Puertorriqueño 2004 presentó a Gato como el homenajeado de 2004.

A fines de 2004, Gato fue honrado por su patria, Argentina, cuando el embajador argentino le entregó un premio por su vida en una función especial en el Consulado Argentino en la ciudad de Nueva York.

También en 2004, Universal Music lanzó cuatro nuevos CD’s de compilación en su mundialmente conocida serie “20th Century Masters”: Sarah Vaughan, Charlie Parker, Carmen McRae y Gato Barbieri. Esta asociación con otros iconos del jazz sólo sirve para confirmar una vez más el estatus legendario de Barbieri tanto dentro de la comunidad musical como en el mundo entero.

En 2009 Barbieri lanzó “En busca del misterio”.

El nuevo álbum de Gato “Encounter” será lanzado a finales de 2010, con Gato Barbieri, Carlos Franzetti, David Finck y Nestor Astorita.

Fuente: James Nadal

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Gato Barbieri en Argentina

Fuente: www.lacapital.com.ar

El gran saxofonista Gato Barbieri está de visita en Rosario, su ciudad natal. El intérprete fue invitado por el club Newell’s para rendirle un homenaje.
“La música tiene que ser única, solitaria, bella como una mujer desnuda”, dijo el intérprete antes de someterse con alegría, pese a los achaques de sus 78 años, a la sesión de fotos.


Gato BariberiAlgunos mitos inhiben a la mayoría de los mortales. Y sobre todo si son de acá. Leandro Barbieri nació en Rosario el 28 de noviembre de 1932, en una casa de Cochabamba al 1300. Allí cerca, en la escuela Infancia Desválida de Rosario, estudió clarinete y también, en esa barriada, se hizo hincha de Newell’s. Gato, como se lo conoce mundialmente, se hizo súperfamoso cuando interpretó en 1972 la banda de sonido de la película “El último tango en París”, de Bernardo Bertolucci, pero su legado musical habla de su capacidad de fusionar la música latinoamericana con el jazz. Barbieri llegó el jueves a Rosario invitado por la dirigencia del club Newell’s Old Boys que mañana en el estadio Marcelo Bielsa le entregará una placa recordatoria. ¿El motivo? La sangre leprosa que mostró el año pasado el saxofonista al grabar el himno de la camiseta de sus amores para el programa “Fútbol para todos” de Canal 7.

En el bar del hotel Ros Tower y con los achaques propios de los 78 años que ostenta, Gato se allanó a hablar de música y de fútbol. Muchas veces no es necesario preguntar. Su ímpetu lo gana y desgrana conceptos de alto contenido subjetivo. Otras veces, con un café con leche y dos medialunas en la mesa, queda en un limbo de pensamientos. Hasta que nuevamente lo puede su energía, se envalentona y encara como improvisando, una de sus grandes virtudes musicales.

—¿Qué lo atrapó de la música, en general?

—Yo la música la aprendí solo, de los grandes músicos. La música es una cosa que no se escribe, es misteriosa y es divina. Pero esos que escriben y escriben y escriben, y cuando tocan es una porquería, es porque no saben de música. La música es como jugar al fútbol, viejo. Es como juega Messi, que corre así (gambetea en diagonal con la mano) y de repente está en otro lado. Yo la música la toco, la rompo, y la voy pasando por varias estratosferas, y luego lentamente vuelve a su lugar.

—Es como una pelota en el pie y hacer lo que uno quiere en el momento que quiere…

—Que no es fácil. Yo conocí tantos músicos que me han traído discos para que les diga qué me parece. Y yo les digo que no quiero saber nada porque si es fea les voy a decir que es fea. Y no quiero entrar en problemas. Yo nunca le dije a nadie cómo era mi música, porque me daba vergüenza, y eso es una gran cosa. Porque para tener vergüenza hay que tener pelotas.

—¿Las mismas que necesitó para transformar su música con el paso de los años?

—Yo he cambiado varias veces mi música. Ahora estoy tocando una música internacional con chacareras, valsecitos, boleros, congas, jazz, free jazz. Todo junto. Porque me cansa muchísimo el formato de solo de bajo, solo de piano, solo de batería y se termina. Por eso Miles (Davis) era un genio, porque él tocaba siempre la misma cosa, que en realidad no era la misma cosa.

Hace una pausa. La medialuna le ha jugado una mala pasada. No importa, porque está desesperado por dar cuenta de otra de sus pasiones, el cine.

—Era lo mismo que hacía (Alfred) Hitchcock en el cine. El decía: “Parece lo mismo pero no lo es, porque depende de cómo está filmada”. La música tiene que ser filmada, con esto (se señala el corazón) y esto (hace lo mismo con la cabeza). Cuando yo veo un músico que mira para arriba cuando estamos tocando lo echo. Es un tipo al que no le interesa tocar.

—¿Puede hacer una evaluación de la actual música jazz?

—La música está cambiando, pero para mal. La música se está hundiendo. Yo siempre tuve mi grupo, siempre hice jam session, esos que terminan haciendo lo mismo. La música tiene que ser única, solitaria, bella como una mujer desnuda.

—¿Entonces cuál es la fórmula para hacer buena música?

—Toco mejor ahora que tengo algunos dientes postizos que cuando tenía todos míos. Pero no siempre tiene que ser así. Yo soy un tipo que busca el sonido bello, lo encontré así. Cuando alguien me pregunta: ¿qué te parece mi sonido, yo les digo, mirá, si no te das cuenta vos, no me lo preguntes a mí. Te puedo decir (John) Coltrane qué sonido que tenía. Charlie Parker, Ornette Coleman, Monk, Miles Davis y (Louis) Armstrong. Yo a Armstrong no lo consideraba y me di cuenta con el tiempo que era un fenómeno (se ríe).

—¿Y por qué no le gustaba?

—Porque era joven.

—¿Usted o él?

—(risas) Cuando uno es joven es pelotudo. Pero si uno es joven y es agudo, agarra.

—¿Y cómo lo trata la música?

—Cuando era joven tenía un cuarteto con (su amigo el baterista Néstor Astarita) que se llamaba El Cuarteto de la Muerte, con el que siempre nos echaban porque tocábamos fuerte. Pero ahora me estoy apartando de los músicos,

Con él grabó el último disco que Gato puso en las bateas. Fue un trabajo de standars que se hizo en Nueva York. Se muestra disgustado con el proceso de grabación. “No digo que es malo, digo no me gusta”. Y aclara que siempre tuvo su propia banda y que con ellos seguirá.

El recuerdo de sus laderos y la mención de cada uno de los instrumentos lo hace reflexionar sobre el bajo. Y recuerda a Jaco Pastorius: “Para mí si una orquesta no tiene bajo es una porquería. Porque el bajo es el que tiene todo, vos tocás, y con el bajo todo flota. Ahora sé de tipos que han tocado solos, pero tenían pelotas”.

Y continúa, hilando sus pareceres sobre la música.

—Miles siempre tocó con Paul Chambers, pero un día le hablaron de Jaco. Fue Herbie Hancock, que estaba tocado con un trío. El bajo no fue y fue Jaco. No lo podía creer. Y como a Miles les gustaba buscar, grabó un solo tema antes de la muerte del bajista en 1987.

Hace memoria y el esfuerzo lo agota. Resopla, pero está dispuesto a seguir conversando. El cronista quiere meter una pregunta pero Gato se anticipa.

—Yo soy un tipo que me gusta hablar de todo, de cine, el cine me hace vivir. Pero cuando veo esos filmes que hacen ahora, me hacen morir, porque son unos hijos de puta. Hacen que haya más guerra todavía.

Se juntan en su cabeza el cine, Hollywood, los Estados Unidos y su política exterior. Son 40 años de vivir en Nueva York.

—Tuvieron a ese tipo durante 40 años (se refiere al ex dictador de Libia, Muammar Kaddafi) por la cantidad de petróleo que les daba y ahora que no les sirve lo quieren sacar. Ellos viven por esto (y hace el gesto del dinero): money, money.

—¿Qué recuerdos le trae volver a Rosario?

—Yo estudié música acá en Rosario cuando era chico y en ninguno de los países en los que estuve, en Japón, en Rusia, en China, en Italia, nunca encontré una escuela tan divina. Adelante era una escuela y atrás te daban clases de clarinete, saxofón. Un maestro te enseñaba clarinete y esas cosas y el otro tuba, trompeta. De allí salieron muchos buenos músicos. Todos venían a Rosario. En ese sentido tengo que decir que Rosario es una cuna de música. Porque el tango es más porteño.

—¿Cómo se hizo hincha de Newell’s?

—Porque en mi casa todos eran leprosos, mi hermano, mi padre que se mordía los dedos por Newell’s. Una vez no quise ir más con él a la cancha porque siempre había algún barullo. Me acuerdo que cuando me fui, a los 13 años, estaban en la delantera de Newells Belén, Canteli, Pontoni, Morosano y Ferreyra. Y un día que perdimos y Pontoni me dijo “y qué le vas hacer pibe” con una dulzura increíble.

A la pequeña reunión llega Claudio “Tiki” Martínez, vicepresidente de Newell’s y encargado de atender al ilustre visitante. Se ufana del himno rojinegro que Gato grabó para el programa “Fútbol para todos” en Nueva York. “La tocó directamente, sin ensayar, después habló con el ingeniero de sonido y repitió lo que no le gustó. Improvisa mucho y tiene muy buen oído. No anda bien de la vista pero anda bien del oído”. Gato escucha, putea y espera a mañana cuando reciba un homenaje en la cancha por su corazón leproso.

Publicado por Juan Carlos en Noticias, 0 comentarios