Felía año

Felisa, me muero…

Felisa, me muero…

De un año a otro no hay nada más que un salto estadístico, el tiempo corre independientemente de la forma que usemos para registrarlo, pasamos a una nueva etapa que puede o no renovarnos las posibilidades de hacer mejor las cosas o al menos mantener las logradas o, eventualmente, empeorarlas.

A secas no es más que barajar y dar de nuevo esperando que la nueva mano venga mejor, el resto depende de nuestra habilidad para jugarla lo mejor que se pueda, ganar o perder lo menos que se pueda…

Empiezan por éstas épocas a circular las famosas frases hechas, mecánicas, casi vacias en el decir de algunas personas, de ésas que te rebotan por lo huecas o flojas de ángel, sólo palabras… Pero algo operan en nosotros, nos penetran las provenientes de las personas que queremos, estimamos, como cuando recibimos aquellos regalos de cumple muy sencillos pero ofrecidos con amor, consideración y como una extensión del alma, la actitud por sobre el valor material; y de alguna manera también opera en nosotros un renovado compromiso personal de intentarlo de nuevo…, año nuevo, porqué no vida nueva (hablando de frases huecas de libro de autoayuda!!).

Pero las frases son sólo palabras, las habrá mediocres y geniales pero simplemente éso, sólo golpearán nuestro ánimo si somos receptivos a las fuerzas que sostienen cada acto, cada palabra, vertidos y vestidos desde y con alma.

La belleza de lo simple…, estén o no dirigidos a nosotros, como el juego y la risa de los chiquitos, como una caricia, un gesto amistoso, la música… Están ahí, son todo nuestros…

Gracias por estar…

Publicado por Juan Carlos en Opinion, Programación, 0 comentarios