Historias-Biografias

Voodoo y sus prácticas en el ‘blues’

Fuente: laestrella.com.pa
Por: RAFAEL MONTES G.*
*Escritor y analista político.recursossinlimites@gmail.com
Al estudiar el blues como fenómeno sociológico, sobre todo en el delta del río en la Louisiana, nos damos cuenta de que la película “Skeleton Key” es lo más cercano para ilustrar lo unidos que estaban estos maestros del “blues” (“bluesmen”) con las artes o prácticas mágicas como el “Voodoo” y el “Hoodoo”. Robert Johnson, el poseído por el diablo, quien supuestamente le dio sus habilidades, era solo un pequeño detalle.

Hay una unión intrínseca entre el “ blues ” y estos encantamientos diríamos, “ satánicos ”. No me refiero a las pendejadas que hablan algunos neófitos de escuchar los discos al revés y “ mensajes subliminales ”. Si vamos a hablar del Diablo, por favor, no hablemos tonterías, es un tema serio.

Estoy poniendo “ play ” normal a un CD, recopilación en una edición del año 2007, llamado “ Voodoo Blues -Hoodoo & Magical Practices ”. Mojo es el nombre para este tipo de “ Blues ”, también llamado “ Voodoo Blues ” o “ Blues Hoodoo ”. La distinción entre géneros de “ blues “ es reciente, en su momento (entre 1910 y 1950) no existía otro, solo “ blues ”.

Con solo examinar los títulos de las canciones y los nombres de los “ bluesmen ” te das cuenta de que no es relajo. Si quieres haz la prueba, busca las letras de las canciones en Internet, ahora puedes conseguir casi cualquier cosa.

Encantamientos, gatos negros, conjuros, serpientes, brujas y brujos, preparaciones y polvos, resguardos y amuletos, nada extraño para nosotros habitantes del Atlántico, no nos es difícil entender la cultura de esta Región y la idiosincrasia de sus habitantes durante aquellos tiempos, hasta es motivo para otros artículos.

Canciones como “ Hoodoo Lady Blues ” de Arthur Crudup, es parte de esta selección, Sonny Boy Williamson con “ Hoodoo Hoodoo ” por ejemplo, también “ Two Faces Woman ” de Curley Weaver, “ Black Cat Bone ” de Sam “ Lightnin ” Hopkins y Doctor Clayton con “ Root Doctor Blues ”.

Hay una veintena de canciones en este solo disco, pero hay miles grabadas, más o menos, entre 1910 y 1950. No es extraño entonces, que el “ blues “, al igual que estas prácticas mágicas de la Louisiana se fue extendiendo a lo largo y ancho del Mississippi como reguero de pólvora, entre la pobreza y la marginalidad a que estaban sometidos los afroamericanos.

Claro que en el proceso antropológico-cultural de sedimentación de las memorias, el “ voodoo “ (como práctica religiosa), el “ blues ” (música folklórica) y el “ creole ” (idioma) se fusionaron en una amalgama que crea la identidad de ese pueblo y al mismo tiempo cada una de ellas es expresión del mismo, adquiriendo esas comunidades rurales afroamericanas, un sentido de pertenencia.

En otro análisis, ante Dios, podemos hacer lo que queramos, pero no nos extrañe en algún momento, un gran juicio como “Katrina”. Lo demás es historia.

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Rashied Ali, un icono entre los bateristas de jazz

Grabó ‘Interstellar Space’ con Coltrane,un álbum que definió una época

Fuente: elpais.com
Por: Iker Seisdedos | 21/08/2009

Hay momentos que determinan una vida. La del extraordinario batería de jazz Rashied Ali, fallecido el 12 de agosto en Nueva York a los 76 años, halló su exacta definición el 22 de febrero de 1967. Fue durante la sesión de grabación de Interstellar Space, un disco a dúo con el coloso del saxofón John Coltrane. Uno de esos raros álbumes que definen sin querer una época.

Ali, bautizado Robert Patterson en Filadelfia en 1933, era un joven con una extraña y revolucionaria manera de tocar los tambores, polirrítmica e inasible como un puñado de agua. Coltrane, un Ícaro que ya acariciaba con las alas el ardiente sol, moriría un par de meses después.

Rashied Ali pasaría a la historia del jazz como el último músico en entenderse a solas con el gigante al final de su fuga creativa: juntos definieron el formato de duelo entre batería y saxofón, así como aquello que se dio en llamar free jazz -mezcla de valentía, libre improvisación y espiritualidad difusa aunque energizante-.

También figurará en los anaqueles como el hombre que sucedió a la batería a Elvin Jones, fuerza de la naturaleza, en la banda de Coltrane, quien hacia el final de su vida cambió el virtualmente perfecto cuarteto que lo acompañó a principios de los sesenta por el quinteto completado por los despreocupados kamikazes Pharoah Sanders, Alice Coltrane, Jimmy Garrison y el propio Ali.

Pese a salir airoso de estos y otros lances, la muerte de Coltrane dejó a Ali en la misma encrucijada que al resto de los músicos de jazz de una generación, la de finales de los sesenta. Su compromiso con la vanguardia, el innegociable trato con la experimentación, los condujo al ostracismo. Sin credenciales de rentabilidad, ni contratos discográficos, sin un sitio donde tocar, Ali y el resto de los héroes del free jazz se vieron empujados a los márgenes de la autogestión o al exilio europeo.

Y sí, en los setenta, el batería fue en cierto modo dueño de sí mismo. Poseía un club en Nueva York (Ali’s Alley, uno de los centros de la escena del loft jazz) y una editora de discos, Survival, para la que registró un puñado de trabajos rematadamente minoritarios que no encontraron su público hasta que la vanguardia neoyorquina de los noventa los rescató del olvido. A esta época pertenece el clásico Duo Exchange, registrado con el saxofonista Frank Lowe.

Thurston Moore, de Sonic Youth, desde hace tres décadas líder de opinión de la nación alternativa, escribió en cierta ocasión sobre este álbum: “Las notas son perseguidas y abrasadas allá donde se encuentren”.

Más reconciliado con la tonalidad, Ali lideró en los últimos años su quinteto. Y continuó grabando hasta el final. Cuando un ataque al corazón acabó con su sentido único del ritmo, se encontraba preparando el lanzamiento de un disco a dúo con Henry Grimes, viejo conocido de tiempos heroicos. Le sobreviven mujer y tres hijos.

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