John Belushi: una vida al límite

Murió a los 33 años ejecutado por su volcánica exuberancia. Bob Woodward traza un despiadado y meticuloso retrato del actor en ‘Como una moto’

Fuente: diariovasco.com
Por: Oskar L. Belategui

Joe Belushi

Joe Belushi

No hay mejor antídoto contra la depresión. “Desmadre a la americana” permanece como la madre de las comedias estudiantiles, germen de un humor bestia y un espíritu anárquico que llega hasta nuestros días. Los campus universitarios de Estados Unidos vivieron una rebelión en el verano de 1978. El estreno del filme de John Landis desencadenó actos de hedonista barbarie, a semejanza de las aventuras que viven un grupo de estudiantes novatos de  la hermandad Delta House, la covacha de los crápulas y repetidores.

Desmadre a la americana también elevó a la categoría de mito de la cultura popular a John Belushi, que tenía su primera aparición orinando con una copa en la mano. Cuatro años más tarde, moriría de una sobredosis de speedball en el bungalow número 3 del hotel Chateau Marmont, en pleno Sunset Boulevard. Tenía 33 años.
Un solo personaje secundario bastó para alcanzar la inmortalidad. Bluto Blutarsky apenas hablaba. Arrasa el self service al ritmo de Sam Cooke, vacía de un trago una botella de bourbon y destroza la guitarra de un melifluo cantautor. Un icono del desenfreno y el exceso que alienta guerras de comida al grito de «¡toga! ¡toga!». Belushi casi se interpretaba a sí mismo. Era «una letal combinación de Harpo Marx y el Monstruo de las Galletas», en atinada definición de John Landis, cuya vida al límite retrata Bob Woodward, mítico redactor jefe del Washington Post y ganador del Pulitzer por los reportajes que condujeron al escándalo Watergate y la caída de Richard Nixon.

“Como una moto. La vida galopante de John Belushi” (Editorial Papel de Liar) es, en realidad, la tardía traducción al castellano de Wired, un clásico del moderno periodismo de investigación publicado en 1984. Woodward describe con apasionante meticulosidad el camino hacia la autodestrucción de un ser de apetitos insaciables. Maneja un heterogéneo aluvión de materiales: diarios, cartas, facturas, diagnósticos… Entrevista a casi 300 personas que conocieron al mito, desde yonquis a celebridades como Steven Spielberg y Jack Nicholson.

Pero “Como una moto” es algo más que la biografía del protagonista de media docena de películas y mitad de los Blues Brothers. Fotografía la voraz industria del espectáculo con todas sus miserias. Belushi quiso ser el salvaje inocente en un universo y unas ciudades -Los Ángeles, Nueva York- con ilimitadas posibilidades de inmolación para quienes poseen más de lo que pueden gastar. Siempre quería más: comida, bebida, drogas, mujeres, risas, acción. La cocaína irrumpió en su vida como el perfecto combustible. Las malas compañías fueron personajes secundarios de una alucinada tragedia americana.

Cocaína y heroína

En sus últimos días, una jornada cualquiera podía comenzar paseándose por Hollywood en su Mercedes rojo descapotable y con los Dead Kennedys sonando a todo volumen. Tras unos tiritos de coca con Ron Wood, visita al palacete del editor de Playboy Hugh Heffner. La noche terminaba en un aparcamiento de Los Ángeles arrojando hamburguesas a los perros callejeros.
Su fallecimiento rubricó el fin de una década prodigiosa en el cine americano y fue un aviso a navegantes. El protagonista de 1941 y Granujas a todo ritmo había recibido la noche de su muerte la visita en su habitación de Robert de Niro y Robin Williams. La negativa del primero a hablar con Woodward alimentó los rumores.
Al parecer, De Niro podría haberle sugerido que se inyectara heroína para meterse en el papel de un yonqui en su próxima película. Cathy Smith, una groupie que había estado ligada con músicos como Gordon Lightfoot y Rick Danko, fue la encargada de suministrarle durante días la letal mezcla de cocaína y heroína.
Su escasa pero rentable filmografía, los álbumes millonarios de los Blues Brothers y los sketches del Saturday Night Live disponibles en Youtube dan testimonio de su inmenso talento. Cuando en su funeral Dan Aykroyd hizo sonar en la catedral de San Patricio las chillonas guitarras de los Ventures -una vieja promesa hecha a su amigo- el corazón de toda una generación se quebró.

(N del A de la entrada: Muchos han llegado al blues por escuchar la radio, otros por medio de amigos, hermanos u otros parientes, yo llegué de la mano de la película “The Blues Brothers”, gracias a Joe Belushi y Dan Akroyd, una obra maestra del humor, de la acción intensa y sobre todo de lmúsica espectacular, en la que reflotan a grandes del blues como James Brown, Ray Charles, J. L Hooker, Aretha Franklin entre otros, además e la increíble banda que formaron con musicos inigualables. En su corta vida publicaron tres discos formidables, repletos del mejor blues y soul. Ese film es una verdadera joya cinematrográfica del blues y de la buena música, recomiendo a todos disfrutarla. Recientemente pude comprar la version ampliada, formidable, traer escenas que no entraron en la versión original y entrevistas muy suculenta ).

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