No sé lo que quiero, pero lo quiero jazz

La nueva niña mimada del jazz internacional llega para presentar su nuevo disco, que lleva su nombre, Esperanza, e incluye canciones de Milton Nascimento y arreglos del Niño Josele.

Fuente: Pagina/12 | 19 oct 2008
Por Luciano Piazza

En una mixtura de influencias en la composición que impresiona y desconcierta surge una nueva voz desde el bajo: Esperanza Spalding, contrabajista, cantante y compositora. La gracia con la que Esperanza despliega su virtuosismo explica la naturalidad con la que suenan sus dos discos. Admira a figuras como Miles Davis, Ornette Coleman y Madonna, “porque no tuvieron que demostrar nada, porque simplemente así son”. Con esa frescura que la destaca, en su reciente disco, se atreve a una versión del exigente estándar “Body and Soul” pero con la letra adaptada al castellano.

Una mera descripción de la corta carrera de Esperanza basta para figurarse por qué es la nueva niña mimada del mundo del jazz internacional. Ha sido alumna de Joe Lovano; sin terminar sus estudios lo acompañó en giras y grabó discos con músicos de la talla de Patti Austin, Michel Camilo y Pat Metheny, entre otros. A los 20 años ya era una de las profesoras más jóvenes de la prestigiosa Berklee School of Music de Boston. Nació en Portland en 1984; a los seis años, inducida por su madre, comenzó sus estudios musicales y a tocar el violín. A los quince, rondando por los pasillos de la escuela, dio por casualidad con un bajo y un profesor que la introdujo en el blues. A partir de ese primer romance con el instrumento llegaron las giras y sus dos discos: Junjo (2006) y Esperanza (2008).

Lo que más impresiona en sus discos es la natural integración que hace entre el bajo, su voz, y la propia composición. Rápidamente llamó la atención de los críticos especializados más por su intuitivo acierto estilístico que por su evidente virtuosismo. Su primer disco Junjo es un corto viaje. Realizado en colaboración con los cubanos Francisco Mela en batería y Aruan Ortizen en piano, y como ella lo describe “lo inventábamos a medida que íbamos tocando, llegaba y respondíamos.” De ese trío que armó cuando tenía 21 años no tiene desperdicio la confluencia del ritmo y su aligerada voz en una delicada versión de “loro” de Egberto Gismonti. Para el oído patriótico hay un mimo: la imperdible versión de la conocida pieza del folclore argentino, “Cantora de Yala”, de Gustavo “Cuchi” Leguizamón y Manuel José Castilla. Un disco plenamente lúdico en sus fusiones que marea a los críticos hacia las más arriesgadas influencias: afro cubana, samba, bossa, pop, folclore, hip-hop, blues, funk.

Esperanza, su segundo disco del sello Heads Up, abre con “Ponta De Areia” de Milton Nascimento. Desde la primera canción deja en claro su predilección por obtener swing en lugar de apelar a la complejidad de sonido. Sobre su versión de “Body & Soul” se destaca la soltura para cantar un estándar que tiene antecedentes tan elevados como la de Eddie Jefferson y la reciente “New Body And Soul” de Kurt Elling. “En castellano, el acento suele recaer en la penúltima sílaba, y eso no funciona con la sintaxis del jazz norteamericano”, comenta en una entrevista en España. “En las letras de estándares de jazz norteamericano sucede todo lo contrario. Y ahí estaba el reto: en saber si podría cantar ‘Body and Soul’, un estándar norteamericano tan conocido, en castellano y conseguir que tuviera swing. Creo que el resultado final es bastante gracioso”. El disco cierra con “Samba Em Preludio”, en donde despliega el juego de seducción que hay entre su voz y su bajo, más presente en su primer disco. Como si fuera poco, Niño Josele arregla sutilmente dejando toques flamencos en la samba.

El año pasado acompañó al Niño Josele en su homenaje a Bill Evans. Con Esperanza viene a la Argentina para presentarse en Buenos Aires, Mar del Plata y Neuquén. La acompañarán sus músicos Leo Genovese (piano, teclados) y Otis Brown (batería), y tendrá como invitados al Niño Josele (guitarra), Horacio “El Negro” Hernández (batería), Donald Harrison (saxo) y Jamey Haddad (percusiones). Ah, y además de ser buena en lo que hace, Esperanza Spalding es preciosa. A disfrutar.

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