Herbie Hancock, el ganador menos pensado…

El pianista sorprendió al mundo con un disco dedicado a Joni Mitchell. Con ese trabajo, ganó un Grammy y derrotó así­ a las grandes figuras del rock y pop. Ex músico de Miles Davis, en una entrevista con “Clarí­n” cuenta por qué eligió realizar un tributo en vida a Mitchell, se mete en la interna demócrata de su paí­s y evoca los años 60. Además, la opinión de Adrián Iaies.

Por: Sandra de la Fuente
Fuente: ESPECIAL PARA CLARIN

A Herbie Hancock el éxito comercial jamás le resultó esquivo. El bailable Watermelon Man inauguró la buena suerte del pianista, cuando tení­a apenas 23 años, en 1963, y comenzaba a ganarse el reconocimiento de la cofradí­a jazzera dentro del quinteto de Miles Davis. Con Head Hunters, su primer platino, el disco electrónico que grabó en 1973, Hancock realizó un primer salto que lo desmarcó del jazz al tiempo que lo hizo conquistar un público devoto del rock; tuvo que acostumbrarse a los grandes auditorios y a convivir con la opinión adversa de una parte importante del mundo jazzero. Rockit, el tema que inicia Future Shock, inauguró la larga lista de Grammys que Hancock supo ampliar casi anualmente y a la que en febrero sumó River, the Joni letters, su homenaje a la cantante y compositora canadiense Joni Mitchell. El premio al Mejor Album del Año fue un batacazo y barrió, contra todos los pronósticos, a los discos de las grandes figuras del rock y pop. River… cuenta con la participación de Tina Turner, Norah Jones, Leonard Cohen y Luciana Souza, entre otros.

“La estatura artí­stica de Joni alcanzarí­a para rendirle infinidad de homenajes cotidianamente”, asegura la cálida voz de Hancock en el teléfono, desde su casa en Los Angeles, en un suburbio que él mismo describe como bonito y apacible. “Pero Joni no es sólo esa cantera de talento capaz de expresarse en el terreno de la música, la poesí­a, las artes plásticas y el cine sino que también es una infatigable luchadora por los derechos humanos. Creo que las luchas de Joni encuentran un eco particular en los tiempos de cambios que se avecinan.”

¿Cree que la polí­tica de los Estados Unidos cambiará radicalmente en los próximos años?

Sí­; soy optimista. Es excitante ya ver que dos de los candidatos a la presidencia representan el género y la raza siempre marginados en nuestra cultura. Algo difí­cil de imaginar en otros tiempos: un miembro de la comunidad negra o una mujer presidente de los Estados Unidos. No me parece que esto sea una simple coincidencia; habla de una enorme apertura en la mentalidad. El triunfo de cualquiera de estos dos demócratas marcarí­a un cambio. Además, creo que Obama tiene muchí­simas posibilidades de ganar. ¿Se lo imagina? Y estamos muy cerca de que eso suceda. Pero, volviendo al disco, tengo que reconocer que la idea de hacerlo no nació de mi propia cabeza.

¿Quién se la sugirió?

El director de Verve. El sabí­a de mi respeto y admiración por ella desde los tiempos que grabamos juntos el disco Mingus. Recuerdo el momento en que entró al estudio. Joni es la clase de persona que se impone por sus ideas, por su magnetismo, que no necesita recurrir a ningún tipo de violencia para gobernar una situación.

¿Cómo eligió las canciones y los cantantes?

La verdad es que no estoy demasiado acostumbrado a trabajar con cantantes, así­ que confié muchí­simo en la decisión del productor Larry Klein. El no sólo tiene oí­do fino para los cantantes sino que, además, conoce muy bien a Joni, demasiado bien: fue nada menos que su marido. Durante algunos meses leí­mos textos y músicas. Marcamos juntos cantantes, los pusimos en una lista pero admito que al final quedó poco de lo que yo elegí­. Larry encontraba siempre argumentos mejores que los mí­os para su selección y por suerte le hice caso: quedaron las mejores voces.

Un conjunto bastante ecléctico.

Sí­, pero representa muy bien el universo de Joni. Tina Turner, por ejemplo; Larry me contó que Joni admira profundamente a la Turner así­ que decidimos que esa personalí­sima voz no podí­a faltar. Lo mismo sucedió con Norah Jones; la elegimos siguiendo el gusto de Joni. Y luego Leonard Cohen, que fue una gran influencia en su vida, tení­a que estar. Larry conoce perfectamente el universo de Mitchell, así­ que no le resultó muy difí­cil decidir cuáles serí­an los textos y quiénes los cantarí­an. Querí­amos conseguir que la expresión de los textos se fundiera con la música, que uno hablara por otro. Usamos las palabras como guí­a. De a poco aparecieron los arreglos. Y el estilo libre de Joni apareció en todas las voces. Larry habí­a hecho muy bien su selección y no habí­a dudado con ninguna de las voces. Bueno, sí­, en realidad sólo con una.

¿Con quién?

Con la de Luciana Souza.

¿Por qué la voz de Souza le habí­a traí­do dudas?

No, no fue su voz sino la relación: Luciana es la nueva mujer de Larry. Y están esperando un hijo. No sabí­amos cómo iba a tomar Joni Mitchell esta inclusión.

¿Y cómo lo tomó?

Debimos saber desde un principio que este asunto no iba a ser un problema para ella. Como nosotros, disfrutó muchí­simo de la versión de Luciana.

En el disco hay dos temas instrumentales, “Nefertiti”, de Wayne Shorter y “Solitude”, de Duke Ellington. ¿Qué conexión guardan estas piezas con el universo de Mitchell?

Shorter y Ellington guiaron desde siempre las ideas musicales de Joni. Y esos dos temas en particular fueron una referencia. El manejo del tiempo de Shorter es importante para entender la manera de expresarse de Joni y Solitude es una pieza que siempre adoró.

La carrera que usted ha desarrollado ha avanzado dando saltos impredecibles. Como si no hubiera tenido jamás la intención de darle continuidad a sus propias ideas, pasó del sonido acústico al eléctrico, del jazz a las fronteras con el rock ¿Nunca sintió deseo de volver hacia atrás? ¿Nunca sintió nostalgia por los años dorados del jazz?

¿A qué años dorados se refiere? ¿Al jazz de los años 20, de los 30, al de los 40?

No, al de los años 60. Los tiempos en que usted tocaba el piano en el quinteto de Miles Davis.

(Se rí­e). Qué años tremendos fueron esos. Y no sólo para el jazz. El jazz era sólo una muestra de las enormes revoluciones que se gestaban. Para los Estados Unidos fueron años de profundos y beneficiosos cambios. Los derechos de la comunidad negra, los de la mujer. Todo estaba convulsionado y parecí­a que iba a cambiar para mejor. Fue maravilloso pero la verdad es que no, no siento ninguna nostalgia. No tengo ansiedad por saber lo que pasará en el futuro ni miro hacia atrás para ver qué es lo que hice. Tal como me enseñó el budismo, vivo en el más absoluto presente y, créame, lo disfruto muchí­simo.

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