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Alrededor de Medianoche en internet Temporada 2010

3 de setiembre: Jazz Birthday | David Sanchez (1968), Ed Barrett (1968), Fred Hess (1944), Peter Bernstein (1967), más en Efemérides /// Concord prepara para el 28 de septiembre, la reedición de cinco clásicos del jazz: “Jazz impressions of Black Orpheus”, del Vince Guaraldi Trio; “Boss guitar” de Wes Montgomery; “Chet Baker sings: It could happen to you”; “Dig” de Miles Davis-Sonny Rollins y “Waltz for Debby” de Bill Evans, todos remasterizados y con tomas alternativas /// - 2 de setiembre: Jazz Birthday | Clifford Jordan (1931), Horace Silver (1928), John Zorn (1953), Pablo Ziegler (1944), más en Efemérides /// - Falleció Abbey Lincoln a los 80 años, una de las divas del jazz de todos los tiempos /// Nuevas reediciones de Jimi Hendrix se anuncian para el 19 de octubre, entre ellas “Blues” uno de los más raros álbumes de Hendrix /// “Clapton”, el nuevo disco de Eric Clapton, en la calle el 27 de septiembre, con canciones nuevas junto a versiones, como ‘Rockin chair’ popularizada por Louis Armstrong en 1929 y “When somebody thinks you’re wonderful’ /// - Diana Krall, viene a la Argentina a presentar su disco "Quiet Nights" el 23 de septiembre en el Gran Rex /// “54”, nuevo disco del compositor y arreglista Vince Mendoza junto a la Metropole Orchestra sobre composiciones de John Scofield. Según Mendoza “La Metropole es la orquesta que mejor feeling de jazz aporta a las canciones” /// “A time for love” nuevo trabajo de Arturo Sandoval con canciones de amor de compositores como Johnny Mandel, Charlie Chaplin, Maurice Ravel y Astor Piazzolla /// - Diego el Cigala interpreta once clásicos del tango en versión flamenca en su nuevo disco, “Cigala & Tango”. La grabación recoge un concierto celebrado en el Teatro Colón de Buenos aires el 29 de abril /// Donald Fagen (Steely Dan), Michael McDonald (Doobie Brothers) y Boz Scaggs (Steve Miller Band) vuelven a reunirse luego de 18 años ("Rhythm Revue Tour", 1992) a partir del 19 de agosto, como “The Dukes of September Rhythm Revue” /// - Sony publicará el 31 de agosto una edición conmemorativa del 40 aniversario del álbum de Miles Davis “Bitches brew”, publicado originalmente en 1969 en un doble LP /// “Hands”, nuevo disco del guitarrista flamenco Pepe Habichuela y Dave Holland, publicado por Universal en edición limitada /// - El saxofonista puertorriqueño Miguel Zenón acaba de publicar “Esta Plena”, en el que fusiona jazz y plena, música tradicional afrocubana /// - Universal pone a la venta una nueva entrega de las reediciones de la discografía de Frank Sinatra para Reprise. Los títulos reeditados son: “America, I Hear You Singing” (1964), “The Mains Event” (1966), el fundamental “Francis A. Sinatra & Antonio Carlos Jobim” (1967), “Watertown” (1970) y “Sinatra & Sextet. Live in Paris” (1994) ///
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Play Rachmaninov
The Classical Jazz Quartet

Kind Of Blue | May 16, 2006

The Classical Jazz Quartet - Play Rachmaninov

Se dice a menudo, y no sé con qué grado de certeza o veracidad, que los músicos de jazz bien pueden enfrentar una partitura de música clásica a diferencia de los clásicos frente a una partitura jazzera, se sostiene como una de las peculiaridades la incapacidad de improvisación de los primeros frente a los jazzeros quienes enarbolan la principal caracteristica del movimiento. Ya con un grado mayor de certeza es observable la fascinación de los jazzeros por la música erudita, muchos crecieron musicalmente bajo sus influjos y hoy con una presente de jazz no olvidan sus comienzos musicales.

Fuera de cualquier discusión o rótulo, absolutamente inproductivo, la cercania y fusión del jazz y la clásica es un hecho por demás agradable. Desde pequeñas formaciones de cámara hasta las grandes orquestaciones, hemos asistido a grabaciones con la mas diversa formación y siempre con un resultado maravilloso. Desde Gil Evans a Maria Schneider, Vince Mendoza o Claus Ogerman, muchos otros músicos han intentado acomodar ambos mundos en la más cómoda convivencia. Uno de ellos es el productor y también aclamado interprete, Bob Belden quien reunió un cuarteto de notables: Kenny Barron, Stefon Harris, Ron Carter y Lewis Nash, conformando un típico cuarteto de jazz para una tarea no tan típica, tocar música de Sergei Rachmaninov.

“Play Rachmaninov” es el tercero de sus trabajos, anteriormente produjo con el mismo cuarteto “Play Tchaikovsky” y “Play Bach” con excelente crítica. A diferencia de lo que a priori podría suponerse, éste disco suena muy jazzero. Para “Play Rachmaninov” Belden trabajó exclusivamente en una sola pieza,  el Concierto No. 2 en Do Menor para Piano de Sergei Rachmaninov, subdividiendo cada movimiento en varias partes que el cuarteto encara al más puro estilo jazzero, al punto que a cualquier conocedor de la música de Rachmaninov pueda costarle acercarse a éste disco. El cuarteto destila talento y vuelo estelar: Kenny Barron (p) y Ron Carter (b), dos de las más refulgentes estrellas en el firmamento jazzero; Lewis Nash (d) con una sólida reputación y la joven estrella Stefon Harris (v) heredero de Bobby Hutcherson y Lionel Hampton.

“Play Rachmaninov”, parte de lo mejor de ambos mundos…

(Lamento no poder ofrecerlo en formato Loosless, en cuanto pueda será repostedo)

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Próximo Recomendado: Philip Catherine – Oscar (1988)

El pianista es uno de los más influyentes en el último medio siglo del género y fue parte esencial del fabuloso cuarteto de John Coltrane que grabó A Love Supreme.

Fuente: pagina12.com.ar
Por: Diego Fischerman

McCoy TynerLa frase publicitaria parece casi inevitable: “El pianista de John Coltrane”. Y pocas veces el trazo grueso y la apelación a lo más visible resultan tan injustos como en el caso de McCoy Tyner, junto a Bill Evans el pianista más influyente del último medio siglo del jazz. Y es que si bien es cierto que integró el cuarteto de Coltrane entre 1960 y 1965, también lo es que ese grupo fue lo que fue en gran medida gracias a él. “Tocar con John (Coltrane) fue una de las grandes experiencias de mi vida”, le dice a Página/12 el pianista, nacido en Filadelfia en diciembre de 1938. Juega, claro, entre Trane, el apelativo del saxofonista, y el parecido fonético con “train”. Y habla de un viaje. “Sabíamos de dónde partíamos y, a veces, adónde deberíamos llegar. Lo demás era una aventura.”

Su manera de formar y encadenar acordes fue seguida por cada pianista nuevo que surgía en el jazz. Varios de sus discos están entre los mejores del jazz de todos los tiempos y una lista muy breve no podría dejar de incluir The Real McCoy, de 1967, con Joe Henderson, Ron Carter y Elvin Jones; Together, de 1978, con Freddie Hubbard, Hubert Laws, Bennie Maupin, Bobby Hutcherson, Stanley Clarke y Bill Summers; el exquisito Supertios, de un año antes, con Ron Carter y Tony Wiliams y con Eddie Gomez y Jack De Johnette; o, más cerca, It’s About Time, con Jackie McLean, de 1996; o el notable Guitars, de 2008, con guitarristas invitados como Carlos Santana, John Scofield y John Abercrombie. Y, es claro, discos en los que toca con Coltrane, como Transition, A Love Supreme o Quartet Plays, que ocupan un lugar en la historia por derecho propio. El estilo de Tyner, como el de Evans o el de Thelonious Monk, no ha cambiado demasiado: sigue teniendo la misma originalidad que cuando era un adolescente y empezó a tocar con el fantástico Jazztet de Benny Golson y Art Farmer.

Hoy, Tyner volverá a actuar en Buenos Aires, después de dieciséis años, y lo hará con un grupo excepcional: Eric Gravatt en batería, Gerald Cannon en contrabajo y, como invitado, Gary Bartz en saxo. El concierto será en el Gran Rex y contará con la actuación, también, de la excelente pianista y compositora argentina Paula Schocrón, que junto al saxofonista Pablo Puntoriero presentarán parte de su nuevo disco, El enigma.

“El jazz es una forma de arte progresiva”, reflexiona el músico norteamericano. “Por su propia naturaleza, debe cambiar y progresar o dejará de ser jazz. Creo que mi personalidad cuadra bien con este género, porque no me gusta quedarme sentado mucho tiempo en el mismo lugar. Siempre estoy pensando en lo que viene después de mañana y en qué nuevo proyecto será el próximo. Para ser relevante, el jazz debe evolucionar, como siempre lo ha hecho. Y para que lo que uno hace dentro del jazz sea relevante sucede exactamente lo mismo.”

Tyner, en efecto, hizo desde discos con big band –entre ellos The Turning Point, de 1991, con arreglos suyos, de Slide Hampton, Howard Johnson y Steve Turre–, grabaciones solistas –Revelations y Soliloquy– y fue uno de los que motorizó una suerte de reafricanización del jazz, entre fines de los ’60 y comienzos de los ’70, con varios álbumes extraordinarios, en los que tocaban músicos como Woody Shaw, Wayne Shorter y Bartz, el saxofonista que lo acompaña en esta visita: Expansions, Cosmos, Extensions y Asante. También grabó en cuarteto con Sonny Rollins, dúos con Stéphane Grappelli o Jackie McLean, o en quinteto con David Murray y Arthur Blythe. En 2007 grabó McCoy Tyner Quartet, junto a Joe Lovano, Christian McBride y Jeff Tain Watts, y el año pasado publicó Solo: Live from San Francisco.

“Se habla de Coltrane como saxofonista, e indudablemente fue un grande en ese instrumento”, comenta el pianista. “Pero no se tiene en cuenta su importancia como compositor y como verdadero maestro de la armonía. Su concepto armónico puede escucharse en grabaciones como A Love Supreme, por ejemplo. Para mí fue siempre como un hermano mayor, que me cuidó muchísimo cuando entré al grupo. La conexión entre la sección rítmica era sumamente fuerte y había una gran comunicación entre todos nosotros mientras tocábamos. John era un gran líder y realmente lograba sacar lo mejor de cada uno de nosotros.” Para Tyner, un grupo es, necesariamente, más que un conjunto de individualidades. Y se siente orgulloso de los compañeros con los que llega a Buenos Aires. “Tuve la fortuna de tocar con grandes músicos. Con grandes artistas. Y eso a uno le enseña, porque el piano es como una orquesta, uno siente que puede hacer todo con él. Pero cuando se toca con creadores, se percibe que lo que uno hace se completa, se enriquece con lo que hacen los demás. Y este grupo, con el agregado de un viejo compañero como Bartz, es de esos en que todo se transforma y toma otra vida cuando transita entre uno y otro músico. Nada sería igual si no estuvieran ellos.”

El ex pianista de John Coltrane toca ésta noche en el Gran Rex.
Cómo vive uno de los más grandes músicos de jazz vivos a los 71 años.

Fuente: clarin.com
Por: Sandra De La Fuente

McCoy TynerEsta noche, después de 16 años, McCoy Tyner vuelve a tocar en Buenos Aires. El legendario pianista, definido como el león rugiente del jazz por su gran sonido y su fuerza percusiva, se presentará en el Gran Rex, con su trío que completan Gerald Cannon en contrabajo y Eric Kamau Gravat en batería y al que, en una suerte de evocación coltraneana, se sumará el saxo solista de Gary Bartz.

McCoy Tyner fue el gran pianista de John Coltrane. Se conocieron cuando Tyner tenía 17 años y todavía vivía en Filadelfia, donde había aprendido el instrumento gracias al incentivo de una madre apasionada por la música y la buena influencia de sus vecinos Bud y Richie Powell.

La noche de ese histórico encuentro, Tyner tocaba en el Red Rooster y Coltrane disfrutaba de unos días de descanso entre sus extenuantes sesiones con Miles. El sonido de McCoy no le pasó inadvertido. Coltrane no era todavía una gran referencia para el mundo del jazz, y McCoy fue el estímulo que necesitaba para dar su primer gran paso con una formación propia. En ese tiempo, McCoy tocaba con Art Farmer, pero apenas Coltrane abandonó el grupo de Miles, entendió que una nueva historia podía comenzar también para él. Todavía hoy Tyner habla de Coltrane como “su hermano mayor” y considera su música como “algo transformador y único que aún tiene mucho que mostrar, que merece seguir sonando” y sobre la que, por esa misma razón, improvisa una y otra vez.

Y lo mejor de Coltrane vino acompañado por el piano de Tyner: Africa Brass , Impressions , My Favorite Things y su exquisito A Love Supreme (65). Las innovaciones rítmicas de Tyner –muchas veces se denominó a sí mismo “percusionista frustrado”- y sus nuevos colores armónicos marcaron un punto de inflexión en la historia del jazz. Tyner no entiende el instrumento como un campo de pruebas sino más bien como la extensión de la propia personalidad. “Al principio, el piano es algo ajeno. Cuesta hacer una relación con él. Con el tiempo, se vuelve una extensión del propio cuerpo, y ya no puedes hacer con él nada muy diferente de lo que realmente sos”.

La revolución de McCoy fue progresiva: la serena comprensión y asimilación de un mundo nuevo o exploración de su propia tradición –el movimiento africanista lo tuvo de epicentro-. Ese modo de entender los cambios, marca un notable contrapunto con las fugas hacia el futuro y líneas plagadas de aristas que trazó la historia del impetuoso e inconformista Miles Davis.

Los tiempos en que McCoy ganaba presencia coincidieron con aquellos en los que Miles comenzaba a sentirse incómodo con ese papel de animador al que creía que los intelectuales blancos habían relegado a los músicos de la comunidad negra. La música de Miles aceleraba su salida del puro divertimento de salón, se volvía áspera mientras se apartaba de la tradición. Tal vez por eso, no era fácil para Miles encuadrar el estilo de Tyner. En su libro Miles y yo , Quincy Troupe, punzante -y seguramente conociendo por anticipado el juicio de Miles-, le exige una valoración pública sobre el sonido de McCoy Tyner. “Lo único que hace es aporrear el piano”, demuele Miles después de algunas reticencias. “Nunca ha tocado y nunca lo hará. Es un buen tipo, pero aunque le fuera la vida en ello, nunca podría tocar el piano”.

Tal vez ese juicio no haya influido en músicos y melómanos. De todas formas, tras su salida del cuarteto de Coltrane, en 1965, y la formación de su propio trío, Tyner tuvo que poner a prueba su tenacidad para tolerar las críticas.Recién con Sahara , su disco de 1972, apareció la llave que le abrió las puertas del mundo, que todavía quiere escucharlo en vivo y al que hoy, con 71 años, se entrega generosamente.

Sus giras son agotadoras y numerosas. Sin embargo, en un impasse que le deja un Festival de Jazz en la tórrida Mallorca, consigue responder algunas preguntas que le formula Clarín .

No es fácil encontrar un momento para entrevistarlo. Vive en Nueva York, pero viaja mucho. ¿No es así?

Sí, toco todo lo que puedo. Me gusta conocer lugares, tocar para distintos públicos, conocer gente, culturas, conversar…

¿Y consigue alguna vez estar en su casa, disfrutar de hacer nada, escuchar música o ir al cine?

A veces voy al cine. Eso ya es mucho para mí. Me gusta el cine y disfruto cuando actúa Danny Glover. Es un gran tipo, lo conozco personalmente, y le encanta la música.

¿Hay diferencias entre esas actuaciones tan libres, por los diferentes teatros del mundo, y un álbum pautado en el estudio? ¿Cómo se siente cuando finalmente entra en un estudio a grabar?

Sí, claro que hay diferencias. Cuando grabo quiero que las cosas queden muy bien, que el trabajo quede bien acabado. Pero también me gusta tocar en un club hasta cualquier hora, sin preocuparme demasiado por el paso del tiempo.

¿Toca en su casa?

Hace tiempo que no tengo piano en casa. Antes, cuando vivía en una casa más grande y criaba hijos, había espacio para un piano grande. Pero ahora no necesito tanto espacio, así que vivo en un lugar más pequeño. Tengo un teclado eléctrico, pero lo uso para componer. Cuando quiero tocar me voy hasta la casa Steinway, allí me prestan un piano. Después de todo, también venden pianos gracias a mí.

Hola amigos…, retomamos las aperturas con el genial Charlie Haden,dado lo accidentado de las últimas emisiones habia quedado relegado, hoy con un discazo Haunted Heart con el Quartet West su más afamada formación. Seguimos con la pianista y cantante Aziza Mustafa Zadeh, también conocida como La princesa del jazz o Jazziza, desde Seventh Truth. Más con el pianista neoyorkino Bill Charlap con su trio desde Written in the Stars. Hablabamos de “La Princesa…” lineas atrás, ahora es el turno de otra: la bella y talentosa Esperanza Spalding desde su última produción Chamber Music Society.

Quedo de la semana pasada una grabación en vivo del Gonzalo Rubalcaba Trio, Jazz Jamboree ’98, un álbum doble formidable; seguimos con el guitarrista Philip Catherine desde Oscar, un registro del año 1988 imperdible; y dos cositas más que no me animo a difundir pues siempre queda algo afuera…

Pasando al blues…

Empezamos el segmento de blues con el saxofonista Edgar Winter (hermano del legendario guitarrista Johnny Winter) del que presentaremos su album Jazzin` The Blues grabado en el año 2.004 junto a prestigiosos invitados como el guitarrista Steve Lukather y el baterista Gregg Bissonette. Un trabajo que recorre diferentes estilos de jazz, desde el smooth hasta la fusión y el blues. Esa diversidad nos somete a la imposibilidad de elegir un sólo tema, asi que pasaremos dos “More Than Enough”, un blues eléctrico estilo sonido de chicago y “Brother Luke”, una fusión de jazz y rock.-

Jimmy Rogers, fallecido en el año 1997, fue uno de los grandes maestros del blues de Chicago. En noviembre de 1.993 grabó uno de sus últimos discos titulado Blue Bird con el que revisa su temprano repertorio junto a una espectacular banda integrada por Carey Bell en armónica, Dave Myers en bajo, Ted Harvey en batería, su hijo Jimmy D. Lane en guitarra y el excepcional Johnnie Johnson. Elegimos el último tema “Jam Session” una improvisación en dos partes “Jammin’ With Johnie” y “Saint Louis Blues”

Los esperamos como siempre a partir de las 21 horas.

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Music
Ronnie Lynn Patterson

Outnote | Junio 3, 2010

Ronnie Lynn Patterson - MusicEl talentoso pianista norteamericano radicado en francia Ronnie Lynn Patterson debuta con Music en el también novel sello OutNote propiedad de Jean-Jacques Pussiau, quién produce el disco, como también lo habia hecho en Mississippi anterior trabajo del pianista, propone a sus partenaires los franceses Louis y François Moutin (Moutin Reunion Quartet) quienes han logrado la consagración como músicos y lideres de banda incluso fuera de europa, contribuyendo en forma fantástica en el vuelo que alcanza el disco.

El particular estilo de Patterson, que por momentos recuerda a Keith Jarrett con sus tarareos y acompañamientos vocales en sus interpretaciones, constituye un lugar común donde encontrar resabios de sus maestros e idolos a quienes él rinde tributo especialmente en éste Music.

Recuerda Patterson cuando niño su padre cumplia con el rito navideño de escuchar a “Kind of Blue“, como los también inolvidables recuerdos provenientes de su discoteca: Coltrane, Miles…, y más tarde el descubrimiento de McCoy Tyner, Herbie Hancock, Chick Corea y Keith Jarrett, quienes contribuyeron al crecimiento y desarrollo del entonces joven musico. Todos éstos recuerdos se vuelcan en “Music” un tributo con olor a “muchas gracias maestro…”, donde Patterson incluso toma los arreglos que algunos de los nombrados hicieran para los mismos temas que componen el álbum, por caso Lazy Bird que abre el disco, un tema de John Coltrane, con arreglos de McCoy Tyner; como también Summer Night, un tema de Harry Warren, interpretado por Chick Corea en “Trio Music, Live in Europe“; Blues Connotation de Ornette Coleman, otro tema con arreglos de Corea, más el aire a los Standards del trio de Jarrett que sobrevuela parte del álbum.

El disco cierra con Blue In Green de Kind of Blue una de las joyas más preciadas de toda la historia del jazz, por caso también un tributo que suma el recuerdo de su padre quien lo encamino por la senda de los dioses…

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Próximo Recomendado: Philip Catherine – Oscar (1988)

Un día como el de hoy hace 90 años nacía la radiofonía en nuestro país. El milagro de la radio por aquel entonces subyugaba a todo el mundo, sin la tv, muchas veces sin publicaciones impresas, otras veces la imposibilidad de poder acceder a ellas por motivos económicos o por analfabetismo, todo se complotaba para favorecer el desarrollo de la imaginación, de la fantasía…, sin dudas una magia incomparable. Aún hoy con la vertiginosa irrupción de los medios alternativos a la radio, ésta no ha perdido ésa magia que la caracteriza. Quién no guarda algún recuerdo inborrable ligado al alma con la fuerza de la emoción, de la fantasía…?

Yo guardo uno de mi infancia (se me representa como en una pantalla de cine!!!): mi vieja planchando en la cocina bajo la luz de la ventana mojando la ropa con sus lágrimas escuchando a Alfredo Halcón en el radioteatro de la tarde…, y yo paradito a su lado observando sin entender mucho lo que pasaba por la mente de mi madre…

La radio no se compara con nada, ni con la tv en HD ni con Internet, sobre todo para quienes la vivimos de ésta manera y por ésas cosas del destino nos tocó contribuir de la manera más humilde a la permanencia de ésta magia, ojalá que nuestro pequeñisimo aporte, que éste próximo mes de octubre cumple 20 años, haya favorecido el nacimiento, el mantenimiento, el reforzamiento del milagro de la emoción y fantasia que genera la radio…

Hola amigos…, de vuelta por acá luego del fallo de la semana pasada, con casi la misma programación, más alguna modificación. Comenzamos con la voz de Abbey Lincoln fallecida el sabado 14 pasado a los 80 años de edad, una de las últimas divas del jazz. Tambien recordaremos al recientemente fallecido también, Roberto Linares Balda un empresario radial local con quien compartieramos 12 años de programa en su estación Libre FM. Festejaremos algunos cumples como el de Brad Mehldau escuchandolo desde Largo (2000) uno de sus más celebrados discos y también el de Terje Rypdal escuchandolo desde Vossabrygg una presentación en vivo homenaje a Miles Davis y su Bitches Brew. También cumplen años hoy Martial Solal y Bobby Watson, pero de ellos nos ocuparemos otro día…

Seguimos con otro disco fenomenal!!, Live!, el último registro de la pianista Geri Allen junto a Time Line una joven formación, juntos promueven un sonido muy moderno y ritmico. También otra fenomenal grabación de la Metropole Orchestra dirigida por Vince Mendoza, Symphonic, junto al saxofonista holandes Yuri Honing. Para cerrar Sylvain Beuf Trio y Mondes Paralleles, un álbum doble súper.

Pasando al blues…

Hoy se nos dio por los discos en vivo, comenzamos con Ron Wood & Bob Diddley “Live at the Ritz” un recital grabado en 1987 que captura al pionero del rock junto a la segunda guitarra de The Rolling Stones, haciendo la mayoría de los temas de Diddley y un par del Ron, escucharemos “Money To Ronnie”.

Seguimos con otro disco en vivo de Buddy Guy Jammin’ Blues Electric and Acoustic, publicado el 1º de agosto de 2.003, una recopilación de temas de otros trabajos del cual rescato el cantado con Junior Wells (su inseparable compañero de ruta) un largo acústico titualdo “I’ve Been There”.

Terminamos la sección de blues con The Brew un grupo inglés de blues rock formado en 2005 cuyos componentes son el guitarrista y cantante Jason Barwick, el batería Kurtis Smith y Tim Smith, padre de Kurtis, al bajo y voces. En realidad es una banda más de rock que de blues. Los especialistas comparan el estilo del guitarrista Barwik con Hendrix, Jimmy Page y SRV, lo único que puedo agregar es que a mi la voz me hace recordar en algunos pasajes a Robert Plant.  Escucharemos de su último disco publicado en enero de éste año tituado A million dead stars el tema “Kam”, el mas bluesero de todos, si de esa forma se puede definir.-

Los esperamos esta noche a partir de las 21 hs.-

Disco de la Colección SavoryDurante décadas la colección Savory fue un objeto de deseo de los aficionados al jazz. Casi mil discos con grabaciones inéditas de los grandes del swing que han sido adquiridos por el National Jazz Museum de Nueva York.

Entre 1935 y 1941, el ingeniero de sonido y músico William Savory (nacido en 1916) grabó decenas de transmisiones radiofónicas de conciertos de, entre otros, Louis Armstrong, Benny Goodman, Billie Holiday, Count Basie, Coleman Hawkins, Lester Young, Bunny Berigan y Harry James.

Savory desarrolló un aparato que utilizaba discos de aluminio y acetato de 12 y 16 pulgadas a una velocidad de 33 1/3 r.p.m. y que le permitía grabar interpretaciones extensas, más largas que las que los propios artistas registraban para sus discos comerciales. Al entrar en guerra los Estados Unidos en 1941, dejó de hacer grabaciones. Años después formó parte del equipo que desarrolló el LP de 33 1/3 r.p.m.

Muy celoso de su colección, no permitía el acceso de casi nadie a ella. Sólo a su amigo Benny Goodman le dejó publicar algunas grabaciones. A su muerte, en 2004, la colección pasó a su hijo, quien ahora la ha vendido National Jazz Museum, lo que permitirá que vea la luz comercialmente. Lo que va a suponer todo un placer para los aficionados al jazz clásico.

Tratamiento de restauración de los discosEn la web del National Jazz Museum estan disponibles los audios originales algunas de estas grabaciones, como también en la web del diario The New York Times. El museo advierte sobre éstas grabaciones “en crudo” sin el retoque digital que las revivirá seguramente, anunciando que para el próximo mes de setiembre estarán disponibles más grabaciones ya con su respectivo tratamiento de restauración, los que se podrán disfrutar previa inscripción en el programa Jazz For Curious Listeners en el propio museo, más la disponibilidad via web en el sitio del museo.

Más información:

- National Jazz Museum

- The New York Times (muy completa)

Miles Davis. La biografía definitiva

Fuente: elpais.com.uy
Por: Carlos María Domínguez

Dos consejos que Miles Davis daba a sus músicos resumen su trayectoria y su legado al mundo del arte: “tocá la música que no está”, y “nunca termines tus frases”. Creía que un artista brilla en el error. “Así es como se descubren cosas nuevas. Y la única manera de cometer errores es ampliarse y correr riesgos”.

Miles Davis. La biografía definitivaLas citas pertenecen a la excelente biografía del escocés Ian Carr : “Miles Davis. La biografía definitiva”, que también cuenta esta historia: como a la mayoría de los músicos les resultaba difícil dejar de tocar con perfección en terrenos seguros, Miles alteraba el ritmo, cambiaba las escalas y desacomodaba la música en medio de los temas para obligarlos a dar lo mejor de sí. Lo reiteran, agradecidos, muchos integrantes de sus bandas. Ese reto era consustancial al be bop, que desarrollaron Charlie Parker y Dizzy Gillespie en los años 40, pero fue Miles Davis el que lo llevó más lejos, favorecido por una doble excepción: no morir joven, como la mayoría de los músicos de su generación, y no regresar nunca a lo que dejaba atrás. Del be bop al cool, del cool al funky, del funky a la fusión con el rock y con los sintetizadores electrónicos. Conoció la celebridad internacional, vivió años de pesadilla, se rehizo varias veces y grabó tanta música que aún hoy las compañías tienen discos por editar. Nació el 26 de mayo de 1926 en Alton, Illinois, y murió el 28 de setiembre de 1991 en Santa Mónica. Cambió el sonido en el jazz.

NEGRO SOBRE BLANCO. Ian Carr es uno de los críticos de mayor renombre en el Reino Unido y un músico prestigioso, de modo que su biografía, que llega en su revisión definitiva, recorre la trayectoria de Miles Davis con especial detalle en la integración de sus bandas, descripciones de las sesiones de grabación, actuaciones en vivo, uno por uno los temas de cada disco, y lo que ocurrió en ellos. Nunca mejor justificado, tratándose de un género donde la música se rehace en sus versiones y cada instrumentista tiene una relación integral con el sonido de conjunto, como lo concibió Charlie Parker.

Un beneficio pedagógico y nada desdeñable es que puede uno colocar un disco de Miles en la bandeja y escucharlo de un modo nuevo con el libro en la mano. Por ejemplo: en la grabación de “The Man I Love” para el sello Prestige, en vísperas de la Navidad de 1954, cuando Thelonious Monk arranca su solo en el piano, a poco de comenzar sus variaciones se pierde y deja de tocar. Queda la batería y el contrabajo sosteniendo el abismo durante unos cuantos compases hasta que Miles lo reubica con unas pocas notas de su trompeta y Monk retoma su solo con una intensa figura melódica. El cabo que le arroja Miles es casi una puteada, porque aunque lo admiraba, no lo quería en el estudio. Monk pasaba por un período decadente y Miles apenas lo soportaba detrás. Se quejaba de que no le brindaba ningún apoyo y temía que arruinara sus solos de trompeta. Habían discutido fuerte y estuvieron a punto de agarrarse a trompadas. El dato agrega una tensión que permite escuchar el tema de un modo diferente.

Para el lector no especializado las descripciones musicales son abrumadoras, pero Carr incluye informaciones que ofrecen una visión más integral, y aun cuando elude asuntos espinosos, logra dibujar la compleja vida de Miles Davis. “Un negro completamente nuevo -aseguraba su abogado y amigo Harold Lovett-. Sabe lo que quiere y lo obtiene”. En esa afirmación hay que sumar contratos que con el tiempo se hicieron millonarios, varios Ferrari, un edificio de cinco pisos con un templo ortodoxo ruso reformado que fue su casa en Manhattan, ropas elegantes y sofisticadas, y sobre todo, la intransigencia frente a cualquier clase de presiones. Un músico negro y orgulloso que ejerció su arte con indiferencia hacia el público y una cuota de revancha contra la discriminación racial, sobre dos potentes claves: la agresividad y un lirismo sobrecogedor.

Miles DavisASCENSO Y CAIDA. Davis pasó gran parte de su vida intentando llegar con su música a los negros pobres, pero la mayoría de su público siempre fue de raza blanca. Hijo de un dentista y de una familia de clase media acomodada, padeció el racismo pero no las penurias económicas de la mayoría de los músicos negros con los que compartió su vida. Muy joven comenzó a tocar la trompeta con un sonido redondo y vocal, a los dieciséis años se integró al sindicato de músicos para poder participar en distintos eventos y cuando llegó a la ciudad la banda de Billy Eckstine, con Charlie Parker y Dizzy Gillespie, y lo invitaron a subir al escenario con ellos, su destino se decidió para siempre. Tenía entonces diecisiete años.

Poco después el padre lo envió a la escuela de música Juilliard, de New York, contra la voluntad de la madre, que quería encaminarlo hacia la música clásica y a la Fisk University. Apenas llegó, Miles buscó a Charlie Parker durante una semana y cuando lo encontró en una jam session de Harlem, como Charlie no tenía dónde dormir, se lo llevó a vivir con él al cuarto que acababa de rentar. Durante un tiempo alternó la escuela con los clubs de jazz hasta que, naturalmente, abandonó la escuela.

Los años cuarenta estuvieron dominados por el jazz tradicional de los antiguos estilos de New Orleans, el Dixieland y Chicago, pero había unos cuantos clubes en la calle 52 donde el be bop se abría camino. Miles se integró al quinteto de Charlie Parker en el otoño de 1945 y lo acompañó por cuatro aleccionadores años.

Es la etapa mítica en la que aprendió a tocar por encima de lo que sabía, al lado de unos tipos que recuperaban las raíces de la música negra con una nueva proyección: cada integrante del coro, incluida la sección rítmica, rotaba a solista, y las preguntas y respuestas se multiplicaban en los diálogos de un instrumento con otro, de modo que solista y coro, asumidos como posiciones de pasaje, abrían una dinámica de libertad individual y nuevas armonías colectivas.

A partir de entonces, y a medida que las compañías discográficas comenzaron a grabar be bop, Miles Davis se convirtió en una destacada figura del jazz. Introdujo la sordina Harmon, que dio a su trompeta un sonido nocturno, íntimo y un tanto claustrofóbico, luego adoptada por infinidad de músicos. Con un noneto en el que participó Gerry Mulligan y el arreglista Gil Evans, figura decisiva en distintas etapas de su carrera, inauguró un sonido cool, lento y relajado, que haría escuela.

Conoció períodos de intensa producción musical para los sellos Prestige, Columbia y, finalmente, la Warner, y dos caídas en el abismo de las drogas. La primera vez fue a comienzos de los años cincuenta. Lo sacó de juego por cuatro años. La segunda, en 1975, lo mantuvo inactivo hasta 1980. La primera crisis liquidó la rápida celebridad que había conseguido en Europa. Acaso influyó el contraste con la situación en Estados Unidos, donde el prestigio importaba poco si no producía suficiente dinero. Se degradó hasta la humillación y el proxenetismo, y se convirtió en un indigente más dentro del gueto negro. Su excepción fue que hallándose en un estado desastroso, regresó a la casa paterna en Saint Louis y decidido a sobrevivir, se encerró para hacer un corte radical con las drogas. Solo, sin ninguna clase de asistencia.

LIDERAZGO FUERTE. Regresó en 1954 con un sonido más emocional y profundo, liderando un cuarteto, un quinteto y un sexteto, con los que grabaría reconocidas obras maestras del jazz. Fue la época de su trabajo con John Coltrane en el saxo tenor, con Red Garland, Paul Chambers y Philly Joe Jones, entre otros de un alto nivel de creatividad. Su figura se proyectó internacionalmente y sus discos vendieron cientos de miles de copias. Grabó seis discos en doce meses, entre ellos uno que lo llevaría a la cima: Kind of Blue, para el sello Columbia, que le puso un productor personal y lo revistió de dinero.

Gran parte de la riqueza y el riesgo en la evolución del jazz ha sido la imposibilidad de retener a los músicos en las bandas. Como la destreza individual de cada integrante era decisiva, la rotación siempre fue enloquecedora, ya fuera porque los reclamaban otros líderes, porque su prestigio crecía hasta animarlos a seguir un camino personal con su propia banda, o porque las drogas los sacaban de circulación.

El invento de Charlie Parker permitió que unos músicos aprendieran de otros, todos se potenciaran y expandieran buscando caminos nuevos. Los préstamos de músicas, arreglos y melodías fueron continuos, lo que ocasionaba no pocas tensiones a la hora de adjudicarse la autoría de los temas, porque la creación original podía ser de uno, pero el sonido final, la coloración, los arreglos y el estilo que lo hacía lucir pertenecía al director de la banda, con un sello personalísimo. Miles Davis ejerció siempre un liderazgo fuerte, velado y enigmático para el público. Organizaba los conciertos con gestos cifrados que sólo comprendían los músicos que tocaban con él. Salía del escenario cuando dejaba de tocar y sólo volvía a escena si repetía su solo de trompeta. No hacía bises, no agradecía los aplausos y no presentaba los temas. En suma, no entretenía ni daba espectáculo. Lo había aprendido de Parker y lo llevaba hasta los extremos de la antipatía. Esto es música, parecía decir, y ustedes vienen a escuchar. El que quiera entretenerse que se vaya a otra parte.

EL PESO DEL ROCK. La libertad de buscar caminos nuevos también fue una exigencia difícil de llevar. Charlie Parker murió cuando ya no encontró nada nuevo que tocar -una queja repetida en sus últimos días-, lo mismo le sucedió a John Coltrane, y a muchos otros. No era una música para ser repetida. Era una música para ser explorada, torcida, descompuesta y vuelta a probar. A los cincuenta años Miles Davis se hallaba en un nuevo período de experimentación en el que abandonaba las estructuras armónicas preestablecidas, dueño de un prestigio mítico que lo reconocía como “el genio maligno del jazz” y “el príncipe de la oscuridad”, cuando a fines de los años sesenta el rock hizo irrupción en los Estados Unidos con una histeria general que cambió el eje de los negocios de las compañías discográficas.

En poco tiempo Miles y los jazzistas se vieron desplazados de los grandes escenarios a pequeños clubes donde tocaban para treinta y cuarenta personas, se quedaron sin trabajo y sin dinero. De ocupar un lugar central en Columbia, Davis pasó a ser considerado un artista periférico y se vio forzado a hacer de músico telonero en conciertos de bandas de rock como Blood, Sweat and Tears y la cantante Laura Nyro.

A diferencia de otros jazzistas, peleó sus privilegios en Columbia, exigió mayores sumas de dinero para que la compañía apostara más fuerte por él, contrató nuevos managers, incorporó a su banda guitarras y bajos eléctricos, y cambió su hasta entonces elegante indumentaria por prendas coloridas, pantalones de cuero y lentejuelas. Creó un nuevo sonido que fundía el jazz con el rock y abrió una vez más un nuevo camino de exploración. Grabó varios discos pero el gran público, y el gran negocio, continuaron estando en otra parte. La música era ahora, y debía ser, espectáculo cuasi teatral, música para impresionar con toda clase de sofisticaciones, piruetas y juegos de escenario.

Particularmente reveladora de la violencia que la nueva situación representaba para Miles Davis fue una patética noche del verano de 1975 en un club de San Francisco, cuando delante de trescientas personas subió al escenario con un traje de gamuza, con borlas de vaquero y correas colgantes, un pañuelo de seda y camisa con lentejuelas. Durante las dos horas del concierto apenas dio unas pobres notas con su trompeta, se limitó a tocar un órgano eléctrico, pero con los codos, y a mirar al público con odio. Desoyó los reclamos de que les diera una canción, se puso de espaldas y comenzó a contonear las nalgas y a quitarse la chaqueta, como en un striptease, mientras el público vitoreaba. Pero las correas y las borlas se le enredaron en las lentejuelas, quedó atascado y cuatro operarios debieron subir al escenario para desenredarlo. El creador de Sketches of Spain, de Walkin, de las más delicadas, exquisitas y complejas armonías que el jazz dio nunca hacía de payaso para una audiencia que detestaba.

Ya entonces tenía dos operaciones de cadera. La primera se la repararon con parte del hueso de la espinilla, y después de un choque con su Ferrari se la reemplazaron por una de plástico. Estaba diabético, comenzaba a tener reuma en las articulaciones, lo habían herido de un balazo y había sido arrestado varias veces, la última por posesión de cocaína. Volvió a hundirse en las drogas. Se encerró en su enorme y solitaria casa de Manhattan y vivió cinco años en la oscuridad, lejos de la mayoría de sus viejos amigos, sin ver la luz del sol, consumiendo enormes dosis de cocaína, sin luz eléctrica en los dos pisos que habitaba, rodeado de mugre y una dantesca población de cucarachas.

En julio de 1979 una FM neoyorquina que transmitía las veinticuatro horas pasó toda la obra grabada de Miles Davis en orden cronológico. El programa comenzó el domingo 1º de julio a las tres de la tarde y continuó sin cesar toda la semana hasta el viernes, a las diez de la noche. Más de cien horas de música. Todos creían que su estado era terminal y que moriría de un momento a otro, pero lo rescató su hermana Dorothy, alertada por un músico amigo, y una antigua amante, la actriz Cicely Tyson, que se fue a vivir con él.

Parecía imposible, pero con dietas naturistas, verduras, grandes cantidades de jugos de fruta, ejercicios de digitación, tanques de oxígeno cuando se quedaba sin aire, entretejidos en el pelo porque se había quedado prácticamente calvo, fajas para sostener los músculos del abdomen y el amor de Cicely, Miles Davis volvió a los escenarios en los años ochenta para dar una vez más grandes discos que llevaron al jazz a un nuevo horizonte. Su disco Tutu, ejecutado con solos de trompeta sobre música creada por sintetizadores marcó la cumbre de un período que volvió a colocarlo en la escena internacional.

Desde entonces su prestigio fue enorme, por diez años recorrió el mundo con nuevos músicos y grabó muchos discos en vivo que lo sometían a una exigencia delirante. A veces se desmayaba al salir del escenario, se rehacía y volvía a contratar giras por cifras millonarias. En 1987 y 1988 dio 91 conciertos.

Miles en el ringEL INTRANSIGENTE. Para mantenerse alejado de las drogas y de los cigarrillos, Cecily le recomendó dibujar. A partir de entonces comenzó a interesarse en el mundo de la plástica y montó varias exposiciones de sus cuadros en distintas capitales del mundo. Se vendían todos, a quince mil dólares el cuadro, y esa performance lo llevó a soñar con dedicarse a la pintura cuando se retirara de la música. Pero entonces el mundo lo reclamaba en los escenarios y lo cubría de honores. Escribió su autobiografía con la ayuda del escritor Quincy Troupe y la editorial Simon & Schuster se quedó con los derechos por un millón de dólares. En 1984 la Fundación de Música Leonie Sonning de Dinamarca, le concedió su Premio Musical, hasta entonces destinado a compositores de música clásica, como Igor Stravinsky, Leonard Bernstein o Isaac Stern. Montaron un enorme espectáculo que dio origen al disco Aura, dedicado enteramente a homenajearlo. En 1988 le otorgaron en Granada el título de Caballero de Malta y en agosto de 1991, Francia lo nombró caballero de la Légion d`Honneur francesa. Fue entonces que el ministro de cultura, Jack Lang, lo llamó “el Picasso del jazz” y declaró que Davis había “impuesto su ley en el mundo del negocio del espectáculo: intransigencia estética”.

La intransigencia que lo llevó a la cumbre de la fama lo mató un mes después de los honores franceses en un hospital de Santa Mónica. Tenía entonces sesenta y cinco años y desde hacía tiempo venía sufriendo neumonías bronquiales. Fue a hacerse un control de sus ya familiares dificultades para respirar. Los médicos le dijeron que iban a introducirle un tubo en los pulmones para suministrarle oxígeno. Él se negó, pero los médicos insistieron hasta que Miles Davis enrojeció de furia, tuvo un infarto masivo y entró en coma. El daño cerebral fue irreversible y lo dejaron morir el 28 de setiembre de 1991.

LA VIDA AMOROSA de Miles Davis se dibuja y desdibuja a lo largo del libro de Ian Carr. En las páginas finales y a propósito de su admiración por la androginia y el talento de Prince -“tiene esa imagen atrevida, casi como un rufián y una puta unidos en la misma imagen, esa cosa travesti”-, Carr afirma que Miles era bisexual, pero en ningún otro momento alude al tema. La hermana, la madre y la abuela solían tratar a su hermano Vernon como a una niña, su hermana y sus amigas lo vestían como a una muñeca, y Vernon era homosexual. Pero Miles se resistió a un trato semejante y tuvo una relación tirante con su madre, que era profesora de música y se divorció de su padre poco después de que Miles llegó a New York.

A los diecisiete años Miles tuvo un hijo con Irene Birth, su novia de St. Louis. Nunca se casaron, pese a que la relación se extendió por muchos años y ella le dio dos hijos más. La relación con esos hijos no fue muy estrecha. Miles se casó muchas veces, con Frances Taylor, con la cantante soul Betty Mabry, tuvo un hijo con Marguerite Eskridge, que acabó mandándolo a la cárcel por omisión en la manutención de su hijo, y un matrimonio relativamente estable con Cicely Tyson, que terminó en un costoso divorcio. Pero a lo largo de su vida Miles siempre estuvo rodeado de bellas mujeres, amigas y amantes, y también prostitutas.

Cuando editó su álbum Some Day My Prince Will Come colocó una foto de Frances en la cubierta, fastidiado de que siempre aparecieran modelos blancas en los discos que compraban los negros, y en su disco Sorcerer puso un enorme primer plano del perfil de Cicely Tyson. Entonces dijo: “Siempre quiero ayudar a las mujeres negras, sabes. Porque cuando yo consumía droga me costaba un par de cientos por día y les quitaba dinero a las putas. Así que cuando decidí limpiarme me enfurecí con Playboy y no quise participar en su encuesta porque no ponían mujeres negras en la revista, sabes. Y entonces empecé a ponerlas en mis cubiertas. Y puse la foto de Cicely en el disco. ¡Dio la vuelta al mundo!”.

Entre sus muchas amantes, también hubo sitio para la cantante Juliette Gréco, a quien conoció en el festival de jazz de París de 1949. La relación se extendió, con intermitencias, unos cuantos años. Más tarde declaró a un periodista: “¿Sabías que yo salía con Juliette Gréco? Bueno, en el 49 acostumbrábamos a ir a un sitio juntos, con Boris Vian y Jean-Paul Sartre… Ella tiene expresiones faciales diferentes de las de las mujeres norteamericanas; tiene la boca más bonita que he visto…, y la nariz. Pero cuando volví a verla se había hecho cirugía en la nariz [Darryl F. Zanuck le dijo que se vería mejor en las fotografías]. Juliette fue la mujer más hermosa que he visto -desde mi madre-, pero cuando se hizo la cirugía en la nariz su belleza se terminó. ¿Cómo puede un hombre decirle a una mujer que se haga cirugía en la nariz? En el negocio del espectáculo tienes que ir donde quieres ir”.

En un artículo sobre Miles Davis, Boris Vian escribió: “Un análisis de su fotografía sugiere que en esta persona equilibrada la imaginación tiende un poco hacia una sensualidad que se compensa casi a la perfección con la inteligencia; y no sé si deberíamos creer en todas las fotografías, pero en una de ellas se ve con claridad que tiene las orejas de un fauno, lo que es apropiado”.

Dos Ratones Paranoicos prueban suerte con el jazz

Fuente: www.eldiariodelarepublica.com | 17-08-10

Dos Ratones JazzerosMientras el grupo sigue presentando en vivo su última placa, y celebra la incorporación de Jimmy Rip como guitarrista estable, dos integrantes de Ratones Paranoicos armaron una banda paralela de jazz.
Sin nombre aún, la flamante agrupación une al bajista Pablo Memi -que regresó al conjunto de Juanse tras la salida de Fabián Quintiero- y al baterista Rubén “Roy” Quiroga.
Junto a ellos se suben al escenario el pianista German Weidemer y el saxofonista Pablo Fortuna, interpretando un repertorio de clásicos del género bajo una impronta respetuosa y tradicional.
El grupo tiene agendado un show hoy miércoles 18 de agosto a las 22 en Fernet, Uriarte 1657 de la Ciudad de Buenos Aires, y no descarta comenzar una gira por diferentes ciudades.
Mientras tanto, Ratones Paranoicos goza de excelente salud y sigue tocando de la mano de “Los chicos quieren rock 2009″, el disco que editaron para celebrar los 20 años desde el lanzamiento de una de sus producciones más famosas.

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